He estado horas, días, semanas… al borde del precipicio esperando a que, desde alguna parte, llegara hasta mí la fuerza suficiente para mirar hacia el vacío y escuchar tu respuesta. El silencio me llenaba de una reconfortante duda al mantener abierta la posibilidad de continuar dando vida a mi sueño, pero no podía alimentar mi alma por más tiempo con este desasosiego mientras mi corazón sostiene a medio pulso tantas ilusiones, tantos recuerdos, tantas promesas hechas a mí misma sin más fin que una utopía.
Así que, aún y sabiendo que carecía de la fuerza necesaria para mantenerme en pie en el borde del precipicio, cargué mi corazón con el coraje suficiente para levantarme y hacerle frente al vértigo que me retenía postrada a la losa de tu indecisión.
Tomé aire y… mientras tenía presente en mí el recuerdo de tus besos, me precipité al vacío eco de mi pregunta esperando, con todas mis fuerzas, que tu respuesta no cerrase de un golpe seco el crepúsculo de mi ilusión.
Pronto topé con los límites de mi mundo viendo cómo se tambaleaba el firme abismo que me esperaba tras escuchar tu “no”. Sentí cómo se hacía cada vez más y más pequeño el infinito espacio que tenía para darte cobijo en mí, e intentando no caer de golpe en la nada abrí el paraguas de la sensatez para amortiguar la caída con la triste resignación.
Mientras aún oscilaba entre el hoy y el ayer al borde del precipicio, me di cuenta que habían terminado nuestros susurros con halos de futuro. Empecé a asimilar que aquellos sueños envueltos de palabras dejaban de silbar esperanzas para dejar cojo el mañana con una dura realidad. Y sin apenas pensar en qué pasaría, decidí llenar mis pulmones con la tristeza que me mordía la lengua para romperme así entre el vacío y la derrota de saber tu decisión antes de llegar al suelo.
Solté toda la fantasía acumulada, me lancé sin equilibrio, puse fin al cuento de hadas en el que aún me sigo creyendo tu princesa y me entregué al designio de la vida sin que por esta vez estuvieras ahí para cogerme de la mano, sin que me extendieras bajo mis pies los sueños e ilusiones que me guiaran el camino, cegada por la inmensa necesidad de quererte en la impotencia de no tenerte conmigo.
Aún hoy sigo cayendo y cogiendo aire para formular algún día otra pregunta. En el fondo, no necesito saber si me quieres… sólo me gustaría saber ¿qué necesitas tú para saber que te quiero?
De momento, te has llevado algo más que un pedacito de mi corazón.
Tú sabes que te lo entrego a cambio de tu felicidad.


5 comentarios:
Sabes,vine a agradecer tu visita y me quedé un buen rato aqui a tu lado, mucho tiempo estuve yo sentada tambien al borde del precipicio ahora prefiero volar ya sea con o sin su mano.
Múltiples coincidencias en este escrito con mis pensamientos.
Un placer entrar aqui y saludarte.
Te sigo.
Increible...
Ese borde tan conocido... en las palabras de otra persona, con extrema sensibilidad.
Me ha gustado mucho leerte, porque te puedo decir que he estado allí por mucho tiempo, en ese espacio que a veces parece inerte.
Y a veces en la caída, uno encuentra el impulso para volar, como ha dicho Nela.
Un beso
Pues yo no se como llegue, pero definitivamente me quedo, y me quedo muy familiarizado ademas, tantas lineas que leo aqui con las que me identifico que bueno.
Perfecto el titulo del blog, realidades a montones aqui, un besote!
Los lugares desde los acantilados son blancos y terribles...pero siempre seguirás siendo tú...un beso amiga.
El amor puro y de verdad,es el amor sin condiciones y altruista sin reservas.
Acabas de dmeostrarlo con tu escrito y ese final que lo dice todo.
Precioso,aunque doloroso también y mucho.
Besos.
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