Aunque no terminé de irme, ya he vuelto.
Sé que tú no me has echado de menos (tus continuos silencios me lo demuestran), pero al igual que te dediqué mis últimas palabras desde lo que un día creí que sería me hogar, hoy estreno mi primera entrada desde este nuevo lugar en el que aún te recuerdo, pero con un sentimiento que no sabría si describir como decepción.
Pena no es la palabra. No me la das ni me doy pena. Es más bien,desilusión; tristeza por haber invertido tantos sueños y ganas en alguien que, ni siquera, tiene el valor de decirme la verdad.
Te ubiqué en tan alta posición en mi mundo que siempre creí que querías ocupar ese lugar. Te di tanto poder sobre mí, que no me importaba lo más mínimo que pudieras romper en pedazos mi alma, porque sabía que mi corazón estaba a salvo contigo. Te creí tan... tú, que jamás pensé que me dieras la espalda en uno de los momentos más difíciles de mi vida. Siempre me dijiste que te tendría para lo que necesitase, y en este caso no necesitaba más que uno de tus abrazos para devolverme a la vida.
Sin embargo, sigo viva sin él. Sólo he recibido el eco de tu silencio como respuesta a mis constantes peticiones de cariño. Sólo te he visto desaparecer de todos aquellos recuerdos que manteníamos en común. Únicamente he podido apreciar el áspero tacto de tu desprecio en estos últimos meses y... aún y así, ingenua de mí, sigo creyendo que debes tener tus motivos para eliminar de tu mundo a quien más y mejor te quiere.
Pero ya no importa. Después de meses de lágrimas y esperanzas vanas he decidido que dejes de dolerme. Al igual que no has hecho uso de tu regalo (un viaje pagado con destino al cielo), yo no puedo permitir que mi corazón siga sangrando por alguien que me adora con su indiferencia.
No puedo seguir haciéndome creer que de un momento a otro aparecerás con tu eterna sonrisa por la puerta de este nuevo hogar que tú me ayudaste a imaginar, porque... si finalmente eres tú, vendrás sin que yo te lo pida. No pienso insistir más (y hoy no me lo estoy prometiendo a mí misma). Te lo estoy afirmando a ti aunque tengo la certeza de que careces del valor suficiente para leerme.
No puedo decir que no te quiero porque estaría lanzando al mundo una mentira. No puedo decir que hoy ya no lloraré más por ti, porque faltaría a la verdad en este preciso instante. No puedo decir que ya no sueño contigo y que no me levanto con una sonrisa sabiendo que eres tú. Pero... tampoco puedo dar la cara a la realidad e ignorar que has desaparecido por completo de mi vida dejando un rastro amargo de decepción.
Compré con toda la ilusión del mundo dos entradas para Fito imaginando el momento de ver tu carita mientras te las daba, organizando el viaje en moto hasta el concierto en Gerona, recreando nuestro último concierto cogidos de la mano para poder tener recuerdos nuevos que me confirmen cuánto puedo llegar a quererte.
Pero no he tenido la oportunidad siquiera de poder entregártelas. Pensaba dártelas para que pudieras disfrutar del momento junto a la persona que tú quisieras (aún y bajo el riesgo de no ser yo) y, sin embargo, ahora mismo guardo en el cajón algo más que sueños rotos.
Guardo mis ilusiones hechas pedacitos sin la esperanza de que seas tú quien vengas a devolvérmelas (ni siquiera de que me des otras nuevas) pero... debo ser sincera y sé que todavía tardaré un poquito en que dejes de aparecer en mi retina cada vez que abro las puertas del que ahora es mi nuevo hogar.
Hay posdatas que no se terminan. Hay silencios que no se escriben... aunque aún me queda mucho por vivir (con o sin ti).
Sé que tú no me has echado de menos (tus continuos silencios me lo demuestran), pero al igual que te dediqué mis últimas palabras desde lo que un día creí que sería me hogar, hoy estreno mi primera entrada desde este nuevo lugar en el que aún te recuerdo, pero con un sentimiento que no sabría si describir como decepción.
Pena no es la palabra. No me la das ni me doy pena. Es más bien,desilusión; tristeza por haber invertido tantos sueños y ganas en alguien que, ni siquera, tiene el valor de decirme la verdad.
Te ubiqué en tan alta posición en mi mundo que siempre creí que querías ocupar ese lugar. Te di tanto poder sobre mí, que no me importaba lo más mínimo que pudieras romper en pedazos mi alma, porque sabía que mi corazón estaba a salvo contigo. Te creí tan... tú, que jamás pensé que me dieras la espalda en uno de los momentos más difíciles de mi vida. Siempre me dijiste que te tendría para lo que necesitase, y en este caso no necesitaba más que uno de tus abrazos para devolverme a la vida.
Sin embargo, sigo viva sin él. Sólo he recibido el eco de tu silencio como respuesta a mis constantes peticiones de cariño. Sólo te he visto desaparecer de todos aquellos recuerdos que manteníamos en común. Únicamente he podido apreciar el áspero tacto de tu desprecio en estos últimos meses y... aún y así, ingenua de mí, sigo creyendo que debes tener tus motivos para eliminar de tu mundo a quien más y mejor te quiere.
Pero ya no importa. Después de meses de lágrimas y esperanzas vanas he decidido que dejes de dolerme. Al igual que no has hecho uso de tu regalo (un viaje pagado con destino al cielo), yo no puedo permitir que mi corazón siga sangrando por alguien que me adora con su indiferencia.
No puedo seguir haciéndome creer que de un momento a otro aparecerás con tu eterna sonrisa por la puerta de este nuevo hogar que tú me ayudaste a imaginar, porque... si finalmente eres tú, vendrás sin que yo te lo pida. No pienso insistir más (y hoy no me lo estoy prometiendo a mí misma). Te lo estoy afirmando a ti aunque tengo la certeza de que careces del valor suficiente para leerme.
No puedo decir que no te quiero porque estaría lanzando al mundo una mentira. No puedo decir que hoy ya no lloraré más por ti, porque faltaría a la verdad en este preciso instante. No puedo decir que ya no sueño contigo y que no me levanto con una sonrisa sabiendo que eres tú. Pero... tampoco puedo dar la cara a la realidad e ignorar que has desaparecido por completo de mi vida dejando un rastro amargo de decepción.
Compré con toda la ilusión del mundo dos entradas para Fito imaginando el momento de ver tu carita mientras te las daba, organizando el viaje en moto hasta el concierto en Gerona, recreando nuestro último concierto cogidos de la mano para poder tener recuerdos nuevos que me confirmen cuánto puedo llegar a quererte.
Pero no he tenido la oportunidad siquiera de poder entregártelas. Pensaba dártelas para que pudieras disfrutar del momento junto a la persona que tú quisieras (aún y bajo el riesgo de no ser yo) y, sin embargo, ahora mismo guardo en el cajón algo más que sueños rotos.
Guardo mis ilusiones hechas pedacitos sin la esperanza de que seas tú quien vengas a devolvérmelas (ni siquiera de que me des otras nuevas) pero... debo ser sincera y sé que todavía tardaré un poquito en que dejes de aparecer en mi retina cada vez que abro las puertas del que ahora es mi nuevo hogar.
Hay posdatas que no se terminan. Hay silencios que no se escriben... aunque aún me queda mucho por vivir (con o sin ti).


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada