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sábado 26 de febrero de 2011

INCLUSO CUANDO NO ES NAVIDAD.

Creo que nunca, hasta hoy, me había dirigido a ti en primera persona en algo más allá de mis pensamientos. Siempre hay una primera vez y… aunque sé que mis letras no recibirán el honor de tu mirada azul, puede que la vida haga su trabajo y acabe plasmando ante tus ojos este silencio que me persigue y que seguiría así después de tan grande casualidad.

Ahora me veo con la fuerza suficiente para dirigirme a ti. Y sí, es verdad, hay veces en las que te imagino. Incluso hay momentos en los que me supongo junto a mi hermano dándole un abrazo y deseándole una “feliz navidad”. Pero siempre se queda ahí, en algo parecido a un sueño (y eso que tampoco te he soñado nunca), como tampoco nunca te lo he dicho. Nunca ha salido de mi boca esa idílica palabra que para mí es “papá” dirigida hacia ti. Por supuesto, tampoco es mi intención decirla ahora, pero… hace unos días me di cuenta que en esta época en la que la hipocresía llena gran parte del lugar de lo que deberían ser las demostraciones de amor, me asaltan las ganas de mirarte (aunque no te dijese nada).

El resto del año sigue siendo igual, lo sé. La Navidad no es más que una semana en la que, aún no sabría decirte por qué, digamos que… noto más tu ausencia (tampoco es que te eche de menos). Es como si necesitase especialmente que supieras que existo. Es una especie de sensación de añoranza de algo que nunca llegué a tener. Es como si necesitase darte un abrazo y decirte que siempre he estado aquí, aunque no seas consciente de ello y… como sé que tengo muuuuchas posibilidades de no poder dártelo nunca, estos días me asalta un coctail de tristeza y resignación que no termino de asimilar después de más de tres décadas desde nuestra existencia en común (y por separado).

No puedo. Aunque también es verdad que tampoco he intentado ponerle remedio (para ser sincera, además de no decírtelo a ti, tampoco se lo he dicho nadie…), pero no puedo hacerme la ilusión de imaginar que algún día podré ni tan siquiera saber qué se siente entre tus brazos (siendo, o no, Navidad). No puedo permitirme pensar que algún día podrías abrazar a tu nieta mientras ella te dijera que te podría querer “hasta el infinito” cuando tú ni siquiera sabes que existe (ni que existo).

No quiero ponerme triste, ni melancólica, ni tan siquiera echar una lagrimita que me pueda hacer brillar estos ojitos que te debo. Simplemente quería, aunque fuera una vez en la vida (en la distancia y en el anonimato) desearte feliz Navidad. En el fondo, sólo quiero que puedas ser feliz allá donde estés (puede que hasta hayas traspasado ya la línea de la vida) y que, aunque nunca llegues a saber que existo, quede patente que en cada lista de propósitos de año nuevo, sigo marcando aquel sueño de hace más de veinte años en el que alguien bajó del cielo para decirme que tendría el placer de conocerte.

Hasta entonces, Feliz Navidad, papá.

Por favor, hazlo extensivo a mi hermano con el que sí he soñado, por el que no me importa echar una lagrimita y al que sí me encantaría decirle que estoy aquí (incluso cuando no es Navidad…).

3 comentarios:

Yolanda dijo...

En esta vida tenemos miles de formas y rostros a los que amar y aunque este sea de los importantes, estoy segura que el resto que tienes a tu alrededor son mas que suficientes para cubrir el vacio que queda.
Bonito susurro...

Vicky dijo...

"NO TE NEGARÉ NADA"
Hijas de la Alegría

MIZPAH dijo...

Gracias Yolanda.
Vicky, incluso en los momentos difíciles hay presencias sutiles que acompañan nuestras vidas, entregándonos inclusive aquello que no tienen...

"No busques el amor, él es quien te busca".
;)